Calendarios y Publicidad

La vida del calendario viaja a través del tiempo acompañado de la publicidad.
Desde el México prehispánico la publicidad se manifestó con los pochtecas (vendedores), siendo éstos un gremio en las sociedades prehispánicas que además de su instinto comercial poseían habilidades muy apreciadas, como la de ser emisarios y a veces espías, ésto gracias a la movilidad por los territorios propia de su actividad. Pero sus artes persuasivas las llevaban a cabo en los mercados, mediante el arreglo de sus puestos y entonando singulares pregones exaltaban las cualidades de sus productos tratando de ser más llamativos que sus competidores.

Para la época colonial y con los avances en la imprenta se les dió circulación a las llamadas “Guias de Forasteros y Calendarios”, sólo había una edición y era avalada por un permiso especial de la Corona. Contenían además de la disposición del año y sus fechas importantes, información que era de utilidad para los ciudadanos: nombres de quien estaba en la administración del virreinato y sus dependencias, las entradas y salidas del correo en la ciudad, cronología de los Virreyes, nombres de los Obispos y Arzobispos, etc.

En la Independencia y con la libertad que otorgó, hubo varios impresores que editaron su almanaque y sus páginas fueron los primeros lienzos para la publicidad impresa, comenzó a predominar la imagen antes que el texto.

El calendario siempre ha sido un medio para transmitir con mucho exito, lo que lo hace un objeto preciado y vigente.

Imágenes del Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de México.